Y la gente, atrapada de lleno en toda una red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer el fuego.
jueves, 2 de octubre de 2014
El mito del fuego......
Tras
muchos años de esfuerzos, un inventor descubrió el arte de hacer fuego. Tomó
consigo sus instrumentos y se fue a las nevadas regiones del norte, donde
inició a una tribu en el mencionado arte y sus ventajas. La gente quedó tan
encantada con semejante novedad que ni siquiera se le ocurrió dar las gracias
al inventor, el cual desapareció de allí un buen día sin que nadie se
percatara. Como era uno de esos pocos seres humanos dotados de grandeza de
ánimo, no deseaba ser recordado ni que le rindieran honores; lo único que
buscaba era la satisfacción de saber que alguien se había beneficiado de su
descubrimiento.
La siguiente
tribu a la que llegó se mostró tan deseosa de aprender como la primera. Pero
sus sacerdotes, celosos de la influencia de aquel extraño, lo asesinaron y,
para acallar cualquier sospecha, entronizaron un retrato del Gran Inventor en el altar mayor del
templo, creando una liturgia para honrar
su nombre y mantener viva su memoria, teniendo gran cuidado de que no se alterara
ni se omitiera una sola rúbrica de la mencionada liturgia. Los instrumentos
para hacer el fuego fueron cuidadosamente guardados en un cofre, y se hizo
correr el rumor de que curaban de sus dolencias a todo aquel que pusiera sus
manos sobre ellos con fe.
El propio
Sumo Sacerdote se encargó de escribir una Vida
del Inventor, la cual se convirtió en el Libro Sagrado, que presentaba su amorosa bondad como un ejemplo a
imitar por todos, encomiaba sus gloriosas obras y hacía de su naturaleza
sobrehumana un artículo de fe. Los sacerdotes se aseguraban de que El Libro fuera transmitido a las
generaciones futuras, mientras ellos se reservaban el poder de interpretar el
sentido de sus palabras y el significado
de su sagrada vida y muerte, castigando inexorablemente con la muerte o la
excomunión a cualquiera que se desviara de la doctrina por ellos establecida.
Y la gente, atrapada de lleno en toda una red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer el fuego.
Y la gente, atrapada de lleno en toda una red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer el fuego.
Author:
Unknown
Label:
laventanitadelcuento

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